INDEFENSOS LEGÍTIMOS

 

Los dos episodios igual de brutales, de irreparables, ocurrieron con diferencia de días.
Ricardo Krabler, el Nunu, tenía 32 años cuando recibió cuatro balazos en Loma Hermosa en ocasión del intento de robo de un auto. Juan Ignacio, Juanchi, 22 años, murió en Lanus en idéntica situación alcanzado por dos disparos.
Cuarenta días después, la muerte de Nunu sigue instalada en los medios, se debate sobre el posible exceso en la legítima defensa del médico asaltado que le disparó. De Juanchi ya no se acuerda nadie, fue la víctima del asalto y sus asesinos estan libres, impunes y anónimos.
Son dos vidas perdidas en hechos de sangre, las dos irreparables. Pero en un caso, Nunu, salió armado a poner en riesgo la vida de su asaltado y su propia vida. En el otro, Juanchi sólo procuró, por instinto, proteger con su cuerpo a su esposa adolescente y a su niño de 20 días.
El resonante episodio de Loma Hermosa encuentra espacios en los horarios centrales de la televisión. El médico y su familia han abandonado la casa, cambiado de vida, viven con miedo y amenazados.
Nadie ya recuerda que Juanchi dejó también a una joven mujer sin su hombre y a un bebé sin padre. Y que no ocurrió porque lo buscara, sólo le tocó estar en el camino de las balas.
Nunu sigue presente en la agenda de los medios y de la justicia porque quien lo mató se habría excedido en la defensa legítima. Juanchi ya pasó al olvido porque se trataba de uno de tantos indefensos legítimos. Por quienes la ley se preocupa poco, hace nada, olvida rápido.
Parece que es políticamente incorrecto reclamar justicia por la muerte de un indefenso. Lo que se usa es exigirla por el que pudo ser víctima de una defensa excesiva.
Argumento que obvia, con indisimulable esfuerzo, que quien intenta asaltar con un arma en la mano es responsable de todo lo que ocurra, incluyendo su propia muerte.
Es innecesario apuntar que no se trata de avalar la justicia por mano propia, que por definición no es justicia sino venganza. Pero se requiere un enorme esfuerzo para no ver que alguien encañonado, agredido con su familia, obligado a elegir bajo presión entre defenderse con lo que tenga o entregarse sin garantías, no puede ser nivelado con el que tomó la decisión de "salir de caño". Uno, Nunu, asume que si algo va mal matará a alguien o le tocará perder. El otro, Juanchi, es solo víctima, no elige enfrentar un arma ni pelear por su vida. Es un indefenso absoluto, indefenso legítimo.
Han pasado cuarenta dias, Nunu y Juanchi murieron sus muertes pero ni en ese extremo son pares: Nunu sigue presente en el debate y el expediente judicial, hay todavía mucho para decir sobre su muerte y su matador; Juanchi ha sido olvidado, sólo su familia recuerda que lo balearon para robarle el auto y que no intentó defensa alguna.

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